¿Por qué las personas toman un taxi cuando van tarde para su trabajo? Miedo. Pero no se trata del temor al regaño o el “escarnio público” delante de sus compañeros, es el miedo a ser despedido. ¿Y por qué trabajan arduamente, incluso más horas de las que están en su contrato de trabajo? Codicia. Es la ilusión de las cosas que puedes comprar cuando recibas tu pago. Estas dos emociones son cíclicas, una y otra vez las personas que viven de un salario experimentan miedo y codicia sin ser conscientes siquiera de lo que realmente representan: la esclavitud financiera.

El miedo como mecanismo de defensa       

 Cuando sabemos que al tomar una decisión estamos poniendo en juego nuestros ingresos nos echamos para atrás. Es lógico, a nadie le gusta perder dinero ni arriesgar su puesto de trabajo. Por eso los empleados se afanan por cumplir sus metas, se humillan incluso bajo jefes que abusan de su autoridad y renuncian a otras actividades como estar con su familia. El miedo a perder la única fuente de ingresos condiciona el estilo de vida de la mayoría de los empleados, no tienen libertad en lo absoluto.

Sin embargo, al presentarles nuevas alternativas tampoco cambian de opinión. “¿Las inversiones? No gracias,  no puedo/no tengo dinero/no estoy capacitado”. Las falsas creencias de que se puede perder todo de un momento a otro, la vieja crisis del 29, o creer que es muy complicado, impide que más persones comiencen a ganar más dinero. Los mitos ejercen una influencia negativa sobre las personas, y peor aún, sobre su futuro financiero.

Lo peor del miedo es que resulta contagioso. Una persona lo suficientemente influyente es capaz de hacer que todo un grupo desista de invertir. Recuerdo mucho un docente de finanzas (el colmo de los colmos) que solía decir: “El inversionista come bien, pero no duerme tranquilo. En cambio el empleado aguanta hambre, pero duerme seguro. Yo por eso me quedo con mi salario, prefiero la seguridad…” ¿A quién se le va ocurrir meter el dinero a la bolsa cuando un docente afirma eso? Él tenía miedo pero no se quedó callado, se lo contagió a los demás: el Síndrome del Pollito (si quieres profundizar en este concepto haz clic acá).

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La codicia: El apetito insaciable

 Se acerca el fin de mes y muchos empleados están pensando en qué hacer con el dinero que van a ganar: cuentas por pagar, recibos de servicios públicos, comprar bienes (si sobra plata), etc. Viven para recibir dinero, pagar cuentas y gastar. Un rico recibe dinero, reinvierte, gasta, recibe más dinero y por último paga sus cuentas. ¡Qué diferencia!

La codicia como tal no da espera: “¡quiero gastar ya!”. Por eso sistemas exitosos como la bolsa, las bienes raíces y el mercadeo en red no tienen un número tan grande de adeptos como empleados en el mundo. Tener paciencia no es la virtud de muchos, pero en inversiones es una de las más importantes. ¿Y cuánto ha ganado usted? ¿En cuánto tiempo? ¿Y cuándo recuperaré mi inversión? Son las preguntas más frecuentes, cosa que es natural, de otro modo nadie invertiría. Pero si la respuesta no es “en menos de 3 meses”, entonces  la codicia aconseja: “quédate con tu empleo y ve a lo seguro”.

Es como el caso del burro que tiene atado un palo en el lomo del que cuelga una zanahoria al frente del animal. Por más que se esfuerce nunca se la va a comer, pero es suficiente como para motivarlo a seguir su camino. Si el burro pudiera ver el panorama completo no gastaría su energía inútilmente.

¿Cómo enfrentar éstos dos enemigos? Con capacitación. Si quieres ser rico necesitas saber de finanzas, aprender a tomar decisiones, ver oportunidades que otros no ven y lo más importante: desaprender tus falsas creencias y limitaciones en cuanto al dinero.