Al igual que en el mundo empresarial, las finanzas personales requieren organización y disciplina en el manejo y registro de las operaciones. En la mayoría de los casos (lamentablemente, dicho sea de paso) los ingresos se encuentran limitados a una sola fuente: el salario, de modo que no se necesita el título de contador para saber cuánto ganamos. Sin embargo, los gastos no suelen ser tan constantes como el nivel de ingresos, ni tampoco existe una clasificación general debido a la importancia que cada individuo asigna a cada gasto de manera subjetiva.

Te presento a continuación una clasificación que personalmente me ha parecido muy útil, además de sencilla. Cuando asignas un gasto a una categoría en particular, sabes con certeza qué importancia tiene realmente y lo simple que puede llegar a ser un “recorte”.

Imprescindibles

Son gastos asociados a todos los servicios que demandamos para poder vivir: el agua, la energía eléctrica, el gas, la cuota de arrendamiento/crédito de la vivienda, etc. Suelen ser gastos fijos a menos que una situación extraordinaria aumente o disminuya su consumo (por ejemplo la llegada de una nueva persona).aprende-a-clasificar-tus-gastos

Existen otros como la salud, que dependerán del plan que tú hayas escogido. Mientras algunas personas optan por un servicio de atención básica por su bajo costo, otras prefieren servicios complementarios (aunque no suelan demandarlos frecuentemente). La compra de medicamentos y el pago de tratamientos adicionales también se incluyen en esta categoría.

Ten en cuenta también si estás pagando la manutención y servicios médicos de personas de las que estés a cargo, como tus padres, hijos, hermanos, etc.

Obligatorios

Debido a circunstancias particulares tienes que asumir el pago de ciertos servicios, que aunque no son tan importantes como los incluidos en la categoría anterior, pero que igualmente pueden implicar consecuencias legales: las tarjetas de crédito, la matrícula de tus hijos en el colegio/universidad, las facturas de servicios como el internet o la televisión por cable (aunque conozco a más de uno que “moriría” sin éstos), etc.

Si te has dado cuenta, en esta categoría no todos tienen el mismo peso (tanto económico como personal). Si estás pasando por tiempos adversos recorta tus gastos recurrentes como las suscripciones y afiliaciones, o reduce al valor de las cuotas de tu crédito ampliando el número de éstas.

Importantes

Esta clase de gastos son completamente subjetivos. Un gasto importante puede ser la mensualidad del gimnasio o de un club deportivo, mientras que para otra persona puede ser comprar ropa de una marca prestigiosa o salir con sus amigos los fines de semana.

Desde un punto de vista objetivo se podría decir que los anteriores son gastos que pertenecen a la categoría de placenteros, pero debido al estilo de vida de cada persona y sus valores intrínsecos, es prácticamente imposible determinar con exactitud cuáles deberían situarse acá. La clave entonces reside en el impacto emocional que te cause el hecho de no tenerlos.

Una persona puede reemplazar el gimnasio con la práctica de otro deporte, usar ropa menos costosa y seguir vistiéndose bien, etc; pero por alguna razón que escapa a la lógica simplemente no lo hace.

Útiles

Son aquellos en los que al invertir estés recibiendo un beneficio futuro. Esta “ganancia” no necesariamente tiene que ser económica, por ejemplo un curso de salsa te puede ser de utilidad para ser más sociable e interactuar con el sexo opuesto. Todo aquello a lo que le puedas sacar provecho como cursos, capacitaciones, formación académica especial, seminarios, libros, etc, va incluido aquí.

Placenteros

No pasaría nada si nos los tienes. El nivel de este bloque depende tu estilo de vida y los bienes que compres. Así, una persona muy adinerada puede gastar un montón de dinero en viajes, casinos, clubes, ropa, etc; sin que el hecho de no hacerlo le afecte. Del mismo modo puedes ver a una persona que de vez en cuando va a cine y se toma unas cervezas con sus amigos, satisfaciendo sus necesidades de ocio en actividades y proporciones monetarias diferentes.

Al hacer tu presupuesto personal podrás ver el peso de cada categoría con respecto a tus ingresos: el nivel de tus deudas, si estás gastando demasiado en ocio y muy poco en algo útil, etc. Cuando hayas establecido tus ingresos y gastos deja un remanente para eventos repentinos. Puedes hacer lo mismo para destinarlo a la inversión, ahorrando una cantidad pequeña durante cierto tiempo que te permita acceder a inversiones más atractivas.